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¿Dónde está el problema?


Cuando en invierno hace demasiado frío para pedalear hay quien desea que llegue pronto la época de calor. Cuando en verano hace demasiado calor para pedalear hay quien desea que llegue pronto la época de frío. Si esperásemos el día ideal, la hora ideal, la temperatura ideal, la humedad ideal, el sol ideal, el desnivel ideal, la compañía ideal o la soledad ideal nunca daríamos una pedalada. Y si con cada pedalada ofreciéramos resistencia a esa nube que llega, o a esa otra que se va, o a la lluvia, o al sol, o a la oscuridad, o al frío, o al calor, pronto nos quedaríamos sin energías.

Pensé en ello cuando leí en El libro de la serenidad (Ediciones Martínez Roca, 2000, 4ª edición, 2003, página 42) de Ramiro Calle el siguiente texto:

El discípulo, apesadumbrado, se dirigió al maestro para preguntarle:
 —Maestro, cuando llega el verano, ¿cómo escapar de él? Cuando llega el invierno, ¿cómo escapar de él?
 El maestro contestó:
 —Es bien fácil, amigo. Cuando llega el verano, sudas; cuando llega el invierno, tiemblas. ¿Dónde está el problema? Ya has escapado del verano y del invierno, ¿te das cuenta? ¿Dónde está el problema?

Al leerlo pensé que ese maestro sin duda había viajado mucho en bicicleta.

En su comentario al texto, Ramiro Calle desnuda el misterioso mecanismo de la mente, que tanto sufrimiento causa, por el que se resiste a lo que es y tiende hacia lo que no es: Cuando estás aquí, tu mente está allí; cuando estás con una persona deseas a otra, o cuando estás tomando una taza de té estás pensando en otra cosa bien distinta; Si [la mente] está sola, quiere estar con alguien; si está con alguien, anhela hallarse en soledad; En lugar de estar abierta, [la mente] se cierra y enrarece su atmósfera con miedos y paranoias.

Y sobre la resistencia y la aceptación escribe: No aceptamos lo inevitable y añadimos tensión a la tensión; Resistirse inútilmente [...] es fuente de dolor; Hay que saber moverse con lo que es y no con lo que no es.

Anochecer

Todo esto me hizo recordar unas palabras de Juanjo Alonso en su libro Manual de cicloturismo (Desnivel ediciones, 1999, página 41), con las que dice lo mismo:

Ser viento cuando sopla el viento, ser lluvia cuando llueve, ser barro cuando caminamos por un cenagal, ser horizonte cuando el camino se hace largo o no tener hambre cuando no hay comida.

Y quizá incluso ser noche solitaria cuando llega la noche solitaria.