Caminos y escaleras

Llueve mientras amanece. No mucho. No fuerte. Lo suficiente para tener que taparse de pies a cabeza. Al rato el rumor de la lluvia se hace casi imperceptible.

El tiempo pedalea a un ritmo diferente según lo que hacemos y lo que sentimos. Horas, kilómetros, dos caminos y cualquier escalera. Entonces ya estamos por fin al otro lado del muro, ya podemos correr y saltar y reír; todo lo que quedó atras se vaporiza, desaparece, se olvida, vuela, se aleja. Al menos mientras no dejemos de sentir que estamos yendo a algún lugar, que no dejamos de pedalear, aunque sea despacio; siempre de espaldas al muro.

La bicicleta es siempre tranquila y prudente, y más bajo la lluvia. Se detiene en los cruces de caminos, mira en todas direcciones (incluso al cielo), cede el paso con respeto, espera con paciencia el tiempo necesario. No apura en las curvas y baja y sube sin niguna prisa las escaleras; cualquier escalera.

Bicicleta

El grupo Led Zeppelin decía en 1971, en su canción «Escalera al cielo»:

Sí, hay dos caminos por donde puedes ir,
pero a la larga
aún hay tiempo para cambiar de ruta.

Y el poeta Robert Frost escribió en 1916, en su poema «El camino no elegido»:

Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
Yo tomé el menos transitado,
Y eso hizo toda la diferencia.